René Descartes, retratado por Frans Hals en 1649

Una vez descubiertas y formuladas las reglas del método, Descartes las emplea para conocer la realidad, que abarca tres ámbitos ontológicos o sustancias: infinita, pensante y extensa.
El análisis de las dos sustancias finitas y de su relación explica la concepción cartesiana del hombre, que es res cogitans por su alma y res extensa por su cuerpo. La esencia del mundo o de la naturaleza es también la extensión. Dios (res infinita)proporcionará al filósofo la garantía de que sus pensamientos (los del cogito, cuya existencia es indudable) se corresponden con la realidad.

 

En 1619, en la noche del día diez de noviembre se produce un hecho muy significativo en la biografía de Descartes.
Tuvo sus tres famosos sueños que cambiaron el curso de su vida. Cuenta el filósofo que en el primer sueño se vio lisiado y corriendo para buscar refugio en una iglesia. En el segundo había una fuerte tormenta. El tercero fue definitivo: ante él se abrió la página de un libro escrito en latín, que le marcaba el camino a seguir en su vida, mediante la siguiente inscripción: ¿Quid vitae sectabor iter? (¿qué camino seguiré en la vida?).
Descartes considera que tales sueños eran una auténtica revelación: la voz le decía en el sueño que tenía que encontrar la verdad y para ello debía reunir todas las ciencias en una sola, a través de un método único. De este modo reformaría la filosofía y superaría el camino escolástico anterior. Era una manera de interpretar que tenía que dedicarse a la filosofía y crear un sistema nuevo que orientase la historia posterior del saber filosófico. Esto fue lo que hizo, y para ello tuvo que eliminar todas las opiniones que hasta entonces había yo admitido (Discurso del método, Segunda parte).
Estos acontecimientos decisivos sucedieron mientras se encontraba solo ante una estufa que le aliviaba del frío invierno en la ciudad alemana de Ulm. En agradecimiento a tal revelación prometió visitar el santuario de la Virgen de Loreto, en Italia, lo que hizo en 1623, después de abandonar el ejército y cuando se dedicó a viajar por diferentes lugares de Europa en busca de tranquilidad para elaborar sus escritos: París, Ámsterdam, Utrecht, Leyden... Creía que para vivir bien había que pasar desapercibido y hasta vivir oculto, por eso dijo que sólo quien se oculta vive bien (bene vixit qui bene latuit) e hizo de esto el lema de su vida.

 

Primera edición del Discurso del método (1637), en el que Descartes expone las reglas que han de conducir a un conocimiento seguro, así como las máximas que guiarán su conducta moral

En el Discurso del método (Segunda parte), aparece una exposición concisa de las reglas del método, de acuerdo con los cuatro preceptos siguiente:

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Veo que nada hay que me sea más fácil de conocer que mi propio pensamiento (Meditaciones de filosofía primera, II). En el orden del conocimiento lo primero es el yo pienso. Es la única realidad que está a salvo de la duda. Dado que pensamiento y ser coinciden, no hay ya ninguna razón para dudar. Pensar es la naturaleza propia del yo, su esencia, por lo que Descartes afirma conocer el pensamiento antes que el cuerpo y hasta prescindiendo de él.
Así, pues, pienso, luego soy. Pero ¿qué o quién soy? Descartes contesta siempre de la misma manera: Soy, hablando con precisión, una cosa que piensa; lo que significa: una cosa que duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere, no quiere y, también, imagina y siente (Meditaciones de filosofía primera, II).

Yo pienso, pero ¿cuál es el contenido de eso que pienso? ¿En qué consiste la materia de mis pensamientos? En las ideas (pensées).

 

 

 

 

El racionalismo se caracteriza por los siguientes rasgos esenciales:

- La razón es capaz de conocer por sí misma y de progresar autónomamente en la adquisición de conocimientos. En este sentido, el racionalismo establece las bases de lo que después será, en el siglo XVIII, el ideal ilustrado (y, en especial, kantiano) de la razón.

- Se establece una distinción fundamental entre lo conocido a través de la razón, sin el concurso de la experiencia, y los datos obtenidos por los sentidos. La preeminencia de la razón sobre los sentidos, así como la defensa de la existencia de ideas innatas, es una de las características fundamentales del racionalismo, que lo distinguen de la otra gran corriente de la filosofía moderna: el empirismo.

- Las ideas son el objeto del conocimiento humano. El término “idea” adquiere unas connotaciones específicas en la modernidad (a diferencia, por ejemplo, de su significado platónico), de modo que tanto el racionalismo como el empirismo emplearán esta noción para referirse a las representaciones mentales del sujeto. La mente conoce inmediatamente “ideas”, a las que podrán corresponder o no entidades realmente existentes (con una realidad objetiva).

- El método deductivo de las matemáticas se convierte en el modelo a seguir: a partir de determinados principios (axiomas) obtenemos determinadas conclusiones ciertas. No obstante, Descartes considerará que el “modo de proceder geométrico” es sólo una aplicación, aunque privilegiada, de dicho método, que encontrará en la metafísica (raíz del “árbol de la filosofía”) la exposición de sus fundamentos.
• El supuesto de que la razón es una y la misma para todos los seres humanos propiciará la búsqueda de un único método capaz de alcanzar todos los conocimientos posibles, de acuerdo con el ideal de una ciencia única.

- El carácter deductivo del método y la suposición de que existen contenidos o ideas innatas tendrá también su aplicación en el ámbito de la moralidad, donde corresponde a la razón el control de las pasiones. En este sentido, es muy significativo el título de una de las grandes obras de Spinoza: Etica more geometrico demonstrata (Ética demostrada al modo geométrico).