Friedrich Nietzsche en 1882

El pensamiento de Nietzsche (1844-1900) se aparta definitivamente del carácter sistemático de la gran filosofía alemana para convertirse en algo muy distinto, en nuevo género literario: el ensayo creador, en sus diferentes formas (autobiográfica, aforística, argumental, fragmentaria, simbólica, ideológica o doctrinaria).
En este sentido, Nietzsche, y posteriormente Ortega y Gasset, son los pioneros o adelantados de lo que será el terreno, el sentido y el contenido específico de la filosofía actual. El ensayo creador, por una parte, permanece atento a  los temas y problemas, a los núcleos constituyentes perennes de la tradición filosófica, por lo que no se aparta del saber filosófico como tal, ni hay una renuncia a la reflexión filosófica desde dentro de la historia de la filosofía. Aunque por otra, tal reflexión ensayística toma muy en consideración los aspectos diferenciales del nuevo género, como los relativos a la exposición, al estilo del lenguaje o la amplitud de referencias culturales y la enorme diversidad de contenidos a los que dirige sus conceptos y metáforas.
Se ha considerado al pensamiento de Nietzsche incluido dentro de las grandes corrientes vitalistas del siglo XIX. Es preciso aceptar esta etiqueta de adscripción filosófica por cuestiones puramente académicas, siempre que aceptemos a la vez que la riqueza creadora y la originalidad inagotable del pensamiento de Nietzsche están siempre más allá de estas clasificaciones excesivamente rígidas. Alguno estudiosos de esta época han considerado al vitalismo como una continuación y un residuo de las ideologías irracionalistas del Romanticismo.

 

En la primera obra de Nietzsche, El origen de la tragedia en el espíritu de la música, inspirada en la filosofía de Schopenhauer y en el drama musical de Wagner, expone algunas de las ideas centrales de su pensamiento que tendrán continuidad y sucesivos replanteamientos a lo largo de toda su obra. Según Nietzsche, la tragedia griega es el resultado de la síntesis única de los dos elementos principales, y contrapuestos, de la filosofía griega: apolíneo y dionisiaco (como símbolos de Apolo, dios del Sol y de la luz, y Dionisos (dios de la embriaguez y de la danza).  Estos elementos simbolizan las dos categorías esenciales de la vida como realidad última y absoluta. Nietzsche se inspiró en la obra de Schopenhauer El mundo como voluntad y como representación para establecer las contraposiciones entre ambas interpretaciones simbólicas de la vida.

- Apolíneo: Es el símbolo de la razón, del conocimiento de la realidad como iluminación o esclarecimiento, como desvelamiento o descubrimiento de lo fenoménico (de los hechos inmediatos o apariencias). Lo apolíneo simboliza al individuo considerado como identidad personal coherente, la vida como orden, hábitos estables y decisiones conscientes, como felicidad y alegría. Se trata del sentido de la vida entendido como verdad y falsedad, como bueno o malo…

- Dionisiaco: Es el símbolo de la voluntad irracional e impersonal, de los instintos comunes de la especie frente al individuo consciente.  Representa el destino (fatum) externo y superior al sujeto  que controla de forma inexorable los acontecimientos de la vida. Significa el conocimiento como aventura intelectual arriesgada y apuesta peligrosa. Lo dionisíaco es el arquetipo de la oscuridad de la noche y del dolor cósmico como sentido de la vida.

En la tragedia griega el elemento apolíneo está representado por el texto, por la palabra o discurso coherente, por los personaje, por la puesta en escena… el elemento dionisiaco está representado por la música y la danza, por el coro (la tragedia griega surgió, según Nietzsche, del coro trágico), por las máscaras tras las que se ocultan los actores, por el espectador que rompe los vínculos con su identidad personal y se disuelve en la universalidad de la obra de arte.

 

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En boca de Zaratustra pone Nietzsche las siguientes palabras: Yo quiero mostrar a los hombres el sentido de su existencia, que no es sino el Superhombre, el rayo que emerge de la sombría nube humana (Así habló Zaratustra, Primera parte, VII).

El concepto nietzscheano de nihilismo, denso y complejo, incorpora tres aspectos diferenciados:


- Como tradición metafísica y moral: el triunfo de la tradición teórica (metafísica) y práctica (moral) platónico-cristiana, que propone la nada, el vacío y la negación de los valores afirmativos de la vida.

- Como resultado de esa tradición metafísica y moral: el nihilismo muestra la duda, la desesperación individual y el pesimismo colectivo que surge de esta situación de anonadamiento, de inmersión de las principales manifestaciones de la cultura occidental  (la filosofía, la ciencia, el arte, la política) en los valoresopuestos a la vida. Es resultado del nihilismo es Un hombre desorientado y privado de la voluntad de vivir.

Como negación y superación de esa tradición metafísica y moral: como superación de esta situación de anonadamiento y resurgimiento de la voluntad de poder, lo cual propiciará la inversión radical de todos los valores y la aparición del superhombre como un tránsito y un ocaso. Este es el sentido del nihilismo como aurora de un nuevo hombre y de una nueva cultura.. El final del pasivo es, según Nietzsche, la inversión de todos los valores. Todavía son posibles nuevos valores, nuevas perspectivas (siguiendo el modelo de la creación artística) una vez aceptada la pluralidad de sentidos afirmadores de la vida. En su principal obra Así habló Zaratustra Nietzsche presenta la propuesta de una inversión general de los principales valores decadentes de la cultura occidental. No podemos hacer aquí, por razones de espacio, siquiera una enumeración temática del índice de las cuatro partes del libro aludido, en cada una de las cuales se ofrece sucesivamente una trasmutación, sin precedentes en la historia de la filosofía, de estas ideas, valores y creencias

 

 

El cristianismo, según Nietzsche, invirtió el significado de los términos “bueno” y “malo”: los que eran considerados malos en sentido de “baja condición, plebeyos, vulgares” se rebelan considerándose a si mismos como “buenos” y condenando todo pensamiento noble y toda moral aristocrática como “mala”. El cristianismo primitivo, como religión de las clases más bajas y de los esclavos, consiguió filtrar e imponer finalmente su concepción moral basada en tres valores:

- El resentimiento, entendido como hostilidad inmediata contra toda manifestación individual o social de lo noble y elevado.

- La igualdad, entendida como moral de la ma­yoría, de los valores comunes que igualan a todos los hombres; como  tendencia permanente a la nivelación y negación del individuo superior.

- La vulgaridad,  entendida, en el sentido etimológico, como moral del vulgo, del pueblo en sentido peyorativo, de la “la chusma” y sus valores mediocres y decadentes. La moral del rebaño.

El contenido efectivo de estos valores, su código, está basado en la adaptación funesta, según Nietzsche, que San Pablo, no el propio Jesús, hizo de la concepción del hombre y de la realidad platónicas. El cristianismo es platonismo para el pueblo. El resultado es una moral concebida como “antinaturaleza”, una moral que se enfrenta a la vida, que legisla en contra de los sentidos, de la sensibilidad, los instintos, el cuerpo y sus valores. El cristianismo es una moral transmundana (no es de este mundo) que sitúa el centro de gravedad del hombre no en esta vida sino en la otra, en el sentido de la tierra como tránsito, en el más allá salvador, en la obediencia, la mansedumbre, la pobreza, la castidad… Según Nietzsche, la vida acaba donde comienza el reino de Dios.

 

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Por razones académicas, como la exposición sistemática, se han seguido diversos criterios de organización del pensamiento de Nietzsche. A veces, se ha preferido organizarlo mediante la clasificación en diferentessegún un orden cronológico:

- Período romántico. Filosofía de la noche.

- Período positivista o ilustrado. Filosofía de la mañana.

- Período del mensaje de Zaratustra. Filosofía del mediodía.

- Período crítico. Filosofía del atardecer.

Sin embargo, atendiendo sobre todo a la figura de Nietzsche como la del más agudo y radical crítico de los distintos aspectos de la cultura occidental, aquí preferimos sistematizar su pensamiento siguiendo el orden clasificatorio de las diferentes críticas del autor a los pilares básicos de la cultura europea, superponiendo las influencias, los supuestos filosóficos y las obras de los distintos períodos.

- Metafísica.

- Moral.

- Religión.

- Ciencia.

- Política.

 

 

 

 

Frente a las ontologías (concepciones de la realidad) y cosmologías (concepciones del universo) metafísicas, como la ontología dualista platónica (fundada en el dualismo entre el mundo sensible e inteligible), la ontología creacionista, lineal y providencialista cristiana, la ontología mecanicista de la ciencia moderna (concepción del ser como una enorme máquina sometida al principio determinista de causalidad)… Nietzsche propone como crítica y superación de estas concepciones la teoría del eterno retorno.

La idea del eterno retorno está inspirada en las cosmologías cíclicas de los Presocráticos y concibe el universo como un infinito despliegue cíclico o circular, ausente de cualquier finalidad La teoría del eterno retorno emparenta con la actual cosmología de un universo pulsante y eterno. Sin embargo, en la amoralidad radical del mundo, de su completa ausencia interna de fines (un mundo, en el fondo, sin sentido inmanente), podemos descubrir y defender un triple sentido axiológico de valores últimos para el hombre:

- La fidelidad al sentido de la tierra como fórmula suprema del eterno retorno, frente a los transmundanos (el mundo inteligible de Platón, la existencia de Dios en el cristianismo, los postulados de la razón práctica de Kant). La afirmación de que no hay más mundo que este. Un sentido de la tierra en el cual no cabe siquiera el ateísmo, ya que esta posición teológica comporta ya un planteamiento religioso, aunque sea negador.

- La inocencia como el valor más alto de la vida, frente a los conceptos decadentes de la moral tradicional (bueno, malo, honesto, deshonesto, justo, injusto, etc.).

- La voluntad de poder como voluntad individual y colectiva de superación, como voluntad de creación de valores (frente a la autonomía de la voluntad y la idea kantiana de libertad) y de afirmación de la vida.