Imagen de Guillermo de Ockham en un vitral de un templo de Surrey.

Convocado Guillermo e Ockham a Aviñón en 1324 por el Papa Juan XXII fue formalmente acusado de herejía y condenado: pasó cuatro años bajo arresto domiciliario aunque esto no le impidió continuar su labor docente y publicar sus investigaciones. Durante este período, ante el ruego de Miguel de Cesena, dirigente de la Orden franciscana, Ockham estudió la controversia entre los franciscanos y el Papado sobre la doctrina de la pobreza apostólica, la cual fue anatematizada por el Papa. Ockham concluyó que el Papa era un herético, posición que defendió más tarde en su obra. Antes de esperar al dictamen sobre la herejía u ortodoxia de su filosofía, Guillermo abandonó Aviñón el 26 de mayo de 1328 con Miguel de Cesena y otros frailes. Consiguieron la protección del emperador Luis IV de Baviera. Al final fue excomulgado. Ockham pasó gran parte de su vida en el exilio escribiendo sobre asuntos políticos, entre otros, la separación de los poderes temporal y espiritual, por lo que se le considera uno de los predecentes de la Reforma. Murió el 9 de abril de 1349 en un convento en Munich, a causa de la epidemia de peste negra que asoló europa durante el siglo XIV. Fue rehabilitado póstumamente por la Iglesia oficial en 1359.

 

Para Ockham, la libre voluntad es el fundamento de toda evaluación moral. El valor de las acciones depende exclusivamente del individuo que las realiza. el hombre se justifica moralmente sólo ante sí mismo en la medida en que sus actos le pertenecen plenamente. Pero si el valor moral depende exclusivamente de la libertad del hombre, su destino ultramundano depende exclusivamente de la voluntad de Dios. No existen, por tanto, garantías terrenas seguras para la salvación. No hay nada, según Ockham, ni siquiera una supuesta ley natural, que pueda obligar a la libertad absoluta de Dios a salvar o a condenar a un hombre. Él concede la salvación como gracia inescrutable y misteriosa, aunque la razón reconoce que los juicios divinos deben regirse por unas normas justas, sea cual sea el significado que Dios de a ese término.

 

Dibujo titulado frater Occham iste (Éste es el hermano Occham), de un manuscrito de la Summa Logicae de 1341

En su tiempo, Ockham es con Marsilio de Padua, autor del Defensor pacis, el mayor adversario de la supremacía del Papado (Juan XXII) en materia doctrinal y política. Okham reivindicó, contra el absolutismo papal (plenitudo potestatis), la libertad de conciencia religiosa y de investigación filosófica. A fin de limitar el poder absoluto de las decisiones papales de cuestiones de fe, Ockham propuso la creación de un concilio general, siguiendo a Marsilio, en el cual no sólo estarían representadas las parroquias, los monasterios y el resto de instituciones eclesiásticas, sino que estarían incluidos también con plenos derechos los seglares e "incluso las mujeres". La infalibilidad del magisterio religioso pertenece solamente a la Iglesia, entendida como "la multitud de todos los cristianos que ha habido desde los tiempos de los profetas y los apóstoles hasta nuestros días.

Por este ideal Ockham combatió al papado de Avignon, enriquecido, autoritario y despótico como la negación del ideal cristiano de una Iglesia espiritual constituida por la comunidad de fieles. Las ideas reformistas del protestantismo luterano ya están presentes en Ockham. igual que Lutero, Ockah fue finalmente excomulgado.

 

HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL

Guillermo de Ockham

 

 

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La navaja de Ockham es como se conoce a un principio filosófico descrito por primera vez por Guillermo de Ockham a principios del siglo XIV. El principio propone que ante dos posibles teorías para explicar un problema, es más probable que la más simple sea la verdadera y no la más compleja. Mediante este concepto, Ockham eliminó del sistema filosófico-teológico de la Escolástica (especialmente del tomismo) muchas entidades superfluas e ideas innecesarias quese podía explicar de un sencillo, económico e incluso elegante.

 

 

 

 

Para Ockham el hombre es ante todo un ser individual y único, no un ser que, ante todo, participa del género y la especie humana. El concepto de cristiandad como colectividad uniformante pierde fuerza en La antropología nominalista. Esta visión supone un claro precedente de individualismo renacentista en el plano político, económico, religioso y biográfico.

Asímismo, Ockham critica el concepto central de la antropología griega y cristiana: el alma y su satributos (simple, espiritual, inmortal). El conocimiento empírico, intuitivo, nada nos informa de una supeuesta forma espiritual e incorruptible como sustento úktimo de nuestros estados mentales. Por otra parte, las demostraciones especulativas sobre el alma son inciertas y nada concluyentes. Ockham admite incluso la posibilidad de que sea el cuerpo mismo el que piense.