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La Edad Media es un período de 1000 años de la historia europea, que transcurre entre el 500 y 1500 d. C. Ocupa aproximadamente la mitad de nuestra civilización occidental, es decir, diez siglos. Es sabido que durante la Edad Media, la Iglesia es la única portadora y transmisora de la cultura. Una cultura que es eminentemente religiosa en todas sus manifestaciones, literarias, musicales, artísticas y filosóficas. La filosofía cristiana medieval o teología suele dividirse en dos grandes movimientos intelectuales: la Patrística (siglos I-VI)  y la Escolástica (siglos XI-XIV).
San Agustín es el principal representante de la Patrística o primeros pensadores cristianos, y su obra supone una admirable aproximación entre la filosofía platónica y la fe cristiana.
A su vez, el pensador más  importante de la Gran Escolástica –y acaso el más grande teólogo de la Edad Media- es Tomás de Aquino, fraile dominico, doctor universitario y consultor papal.  El sistema teológico construido por Tomás de Aquino se denomina “tomismo” y es una síntesis colosal y aparentemente imposible entre dogma cristiano y filosofía aristotélica.

Unidad de referencia

 

Cuadro 1.

En realidad la mayor parte de lo que sabemos de Jesús se debe a la interpretación teológica de su figura contenida en los escritos neotestamentarios, fundamento doctrinal de la cristiana. El Nuevo Testamento es la parte de la Biblia formada por un conjunto canónico (autorizado por la Iglesia cristiana) de libros escritos después del nacimiento de Jesús. Esta denominación comienza a utilizarse en la Iglesia a partir de Tertuliano (155-230), uno de los principales Padres de la Iglesia. Estos escritos son los siguientes:
- Evangelios Sinópticos y el Evangelio de San Juan. están escritos entre los años 50 y 80 d. de C. El cuarto evangelio es el de Juan y está escrito con posterioridad al año 95 d. de C.
- Cartas de San Pablo (50 d. de C.).
- Codex Vaticanus. Es del siglo IV d.C..
- Codex Sinaiticus. Es del siglo IV d.C.
- Codex Alexandrinus. Es también del siglo IV.

 

Cuadro 21.

Ciudad de Dios. San Agustín divide a los hombres en dos clases: los que aman a Dios, por encima de sí mismos, la Ciudad de Jerusalén, o ciudad de Dios; y el de los que se aman exclusivamente a sí mismos y llegan hasta el desprecio de Dios, la ciudad de Babilonia o ciudad Terrena. Toda sociedad y civilización humana está constituida por la mezcla y predominio de una u otra de las dos ciudades.

 

Cuadro 22.

Se cuenta que Tomás, era callado y prudente, pero de temperamento fuerte y orgulloso. Grueso y alto, de 1,90 de estatura, sus compañeros lo apodaron “el buey mudo de Sicilia”. Dicen que Alberto Magno, que descubrió pronto el talento del alumno y lo convirtió en su mejor discípulo, anunció a sus discípulos: Lo llamáis buey mudo, pero os digo que su mugido resonará en el mundo entero. Tomás regresa a París en 1252 para seguir su preparación, recibiendo su licencia para enseñar en la Facultad de Teología en 1256. Ese mismo año es nombrado Maestro en Teología y ocupa su cátedra hasta el 1259. Inicia así su carrera docente como profesor de Teología de la Universidad de París, actividad a la que se dedicará con una vocación y entrega total.

 

Cuadro 23.

Según Sto. Tomás, en la revelación cristiana hay dos tipos de verdades religiosas: los artículos de la fe, que sólo pueden ser conocidos por la fe (la Trinidad de Dios, la Encarnación, la creación del mundo, etc.) y los preámbulos de la fe que, además de por la fe, pueden ser conocidos por la razón. Razón y fe mantienen, por tanto, un ámbito común, un área de intersección o confluencia de verdades religiosas, los preámbulos, que pueden ser conocidos por la fe a su modo y por la razón al suyo. Este ámbito común de verdades religiosas, delimita precisamente los contenidos o temas principales de la teología natural tomista.

 

Cuadro 24.

La organización jerarquizada de la realidad en el cristianismo está vinculada a la idea judeocristiana de creación desde la nada, completamente ajena al pensamiento griego y uno de los temas más elaborados de la teología natural. En la ontología tomista se establece una gradación o escala vertical de los distintos seres, desde el creador (Dios) a las criaturas (ángeles, hombre, animales, vegetales, seres inertes, materia prima). Hay autores que han querido ver en esta rígida jerarquía de la realidad creada un reflejo de la los estamentos verticales de la sociedad del Antiguo Régimen: rey, nobleza, clero, pueblo llano…

 

Cuadro 25.

Dialécticos. Los que se dedican al razonamiento y sus leyes, a la argumentación y a sus modos y formas de expresión.

Tomismo. Es el sistema teológico (teología racional o natural) de Tomás de Aquino. En sentido amplio es la escuela o corriente filosófica seguidora y continuadora de las doctrinas filosóficas del fundador.

Cuadro 26.

Providencialismo. Dios, además de crear y dotar de finalidad a la realidad creada por medio de leyes físicas, morales y jurídicas, está constantemente presente y actuante en la creación en forma de divina providencia o autoconciencia omnisciente: en el acontecer natural, en el transcurso de las vidas y en la historia de los pueblos.

Cuadro 27.

Sto. Tomás de Aquino considera que el alma intelectiva es, en sentido platónico y cristiano, espiritual, simple e inmortal. Es decir, puede existir independientemente del cuerpo. Ahora bien, esto genera la incongruencia de que al alma forma parte de una sustancia (el hombre) y ella misma es, a la vez, sustancia. Esta contradicción la intenta salvar Tomás de Aquino afirmando que el alma, aunque puede existir por sí misma, es un substancia incompleta que sólo alcanza la perfección en la unión natural con un cuerpo, de tal manera que sólo el compuesto de cuerpo y alma, el hombre, es substancia completa...

 

Cuadro 30.

Entendimiento. La parte o facultad del alma intelectiva que hace posible el conocimiento  intelectual. Hay que diferenciar el entendimiento agente o abstractivo que actúa sobre las representaciones concretas del objeto abstrayendo la esencia, y el entendimiento paciente que, partir de la abstracción de la esencia, hace posible la formación de conceptos universales.

Cuadro 28.

Cinco vías. Son los argumentos tomistas de la existencia de Dios. Presuponen que podemos conocer mediante las facultades naturales del conocimiento (sentidos y razón) la existencia de Dios. En la Suma Teológica, Aquino propone cinco demostraciones a posteriori con un planteamiento y una estructura argumental comunes.

 

Cuadro 29.

Resumen de la Primera vía tomista: el movimiento. Es cierto y consta por los sentidos que en el mundo los seres se mueven. Pero todo lo que se mueve es movido por otro. Por tanto, si lo que mueve siempre es movido, ha de ser movido por otro, y este por otro y así sucesivamente... Pero la razón rechaza que se proceda así hasta el infinito… No se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor y, por consiguiente, no habría motores intermedios ni movimiento presente, pues los motores intermedios no se mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero; lo cual es evidentemente falso,. Luego es necesario llegar a un primer motor que no es movido por nada; y este primer motor todos entienden que es Dios.

Cuadro 31.

La teoría del conocimiento tomista está inspirada en el empirismo aristotélico. En consecuencia, las dos facultades del conocimiento humano, sentidos y entendimiento, a diferencia de la teoría platónica, tienen igual eficacia y valor, puesto que se trata de dos facultades complementarias. El conocimiento siempre se inicia en los sentidos corporales y posteriormente el entendimiento abstrae la esencia, generaliza el concepto, propone juicios y encadena razonamientos.
La transición del conocimiento sensible al intelectual, es decir el paso gradual de las sensaciones singulares a los conceptos universales, lo explica Tomás de Aquino mediante las etapas del proceso abstractivo.

Cuadro 33.

El providencialismo cristiano significa que Dios, además de crear y dotar de finalidad a la realidad creada por medio de leyes físicas, morales y jurídicas, está constantemente presente y actuante en la creación en forma de divina providencia o autoconciencia omnisciente: en el acontecer natural, en el transcurso de las vidas y en la historia de los pueblos.

Cuadro 32.

El principal problema que plantea la ley natural tomista es la concreción que realiza el entendimiento práctico de las denominadas “normas secundarias” a partir de los primeros preceptos o principios. La dificultad estriba en establecer que normas están dentro o fuera de la ley natural, además de admitir si las circunstancias personales e históricas pueden modificar la ley natural. Es decir, cual es el canon de interpretación correcta de las normas secundarias de la ley natural. La Iglesia Católica, principal depositaria doctrinal del tomismo ha solucionado históricamente este arduo problema poniéndose a sí misma como intermediaria y único interprete fiel de tales normas, quedando la conciencia individual relegada, aunque no negada, a un segundo plano.

Cuadro 34.

El error moral surge cuando el entendimiento práctico se aparta de la correcta interpretación de los principios y normas secundarias de la ley natural por una serie de causas subjetivas u objetivas: las malas persuasiones, el predominio de los instintos o las pasiones, las costumbres depravadas, las inclinaciones antinaturales o los usos sociales perversos. En el plano de la fe el error moral es el pecado.

 

Cuadro 36.

Ley positiva. Según Aquino, el monarca recibe de Dios la autoridad, el poder y la legitimidad de gobernar, y con ello la capacidad de expresar el bien común en forma de ley positiva, definida por Aquino como una ordenación de la razón con vistas al bien común, promulgada por aquel que está al cuidado de la comunidad.

Cuadro 35.

Según la teoría política de Aquino, la autonomía del poder político supone que el gobernante puede legislar de acuerdo con normas jurídicas estrictamente civiles. Sin embargo, las leyes promulgadas por el poder político o ley positiva, deben ser acordes con la ley natural, inspirándose en ella para sus dictados, respetándola, protegiéndola y ampliándola. Lo cual supone, en la práctica, una limitación y dependencia efectiva del poder político al religioso (del mismo modo que la razón, en el plano del conocimiento, lo estaba a la fe).
Ahora bien, dentro de estos límites, la sociedad política esta dotada de todos los elementos necesarios para cumplir sus fines, por lo que es perfecta en su género y legítima al margen de cualquier justificación religiosa.

FILOSOFÍA ANTIGUA

LA FILOSOFÍA CRISTIANA MEDIEVAL. PATRÍSTICA Y ESCOLÁSTICA. AGUSTÍN DE HIPONA Y TOMÁS DE AQUINO

 

 

Cuadro 5.

El cristianismo como fenómeno religioso y teológico debe ser analizado como un proceso ideológico que dura desde el final del Imperio Romano hasta el final de la Edad Media y que se extiende a lo largo de varias etapas:
- Etapa de surgimiento: el primitivo judeocristianismo.
- Etapa de formación: el cristianismo durante el período helenístico-romano
- Etapa de consolidación: primeras reflexiones teológicas realizadas por los pensadores de la Patrística.
- Etapa de expansión: posteriores reflexiones teológicas llevadas a cabo por los pensadores de la  Escolástica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro 2.

Teísmo. Posición teológica que defiende la existencia de un único dios personal trascendente al mundo que puede ser conocido por la razón, además de ser revelado.

 

Cuadro 3.

Conocemos con certeza muy poco de la figura histórica de Jesús: tanto de su vida y enseñanzas como de las creencias exactas de sus discípulos y seguidores antes y después de su muerte. Con seguridad sabemos que fue crucificado por Poncio Pilatos como culpable de un delito de sedición, es decir, de un delito civil y no religioso, y que tras su muerte se formó la primera gran comunidad cristiana bajo la presidencia de su hermano Santiago.
La investigación histórica sobre el clima religioso de la Palestina de entonces ha dado lugar a varias hipótesis sobre la figura de Jesús: revolucionario zelota, asceta y gnóstico esenio, jasid galileo, maestro y profeta carismático... En este marco ideológico se debe situar el primitivo cristianismo y considerarlo como una secta judaica en el clima de mesianismo escatológico (esperanza en la próxima llegada  de un mesías o salvador) propio de la época.

 

 

 

 

 

 

Cuadro 4.

Religiones mistéricas. Una de las formas de religiosidad orientales (siglo I d. de C.) que más influyeron en el cristianismo. Lo esencial de los misterios (Dionisos, Atis, Adonis, Osiris, Zagreus, Mitra)  es el culto a un dios que muere y renace, que se humaniza mediante el dolor y la muerte.

 

 

 

 

 

 

Cuadro 8.

La obra de San Agustín es amplísima, aunque de alcance y valore desiguales. Los escritos más significativos son precisamente aquellos en que expone de manera más explícita sus teorías filosóficas. Entre estos incluimos los siguientes: Los trece libros de las Confesiones (397), de carácter autobiográfico, en la que narra de forma sorprendentemente lúcida su evolución personal y su formación intelectual. Otra de las obras máximas de San Agustín es La Ciudad de Dios (413-427), que se puede considerar la primera historia de la filosofía antigua. Otras obras de gran importancia filosófica son La vida feliz, Contra los Académicos, Los soliloquios, El orden, La inmortalidad del alma, o Acerca de la Trinidad.

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro 6.

Escolástica. Término que procede de Schola, escuela. Se denomina Escolástica a la filosofía cristiana medieval nacida en las escuelas monacales, catedralicias y palatinas y posteriormente en las universidades.

 

 

 

 

Cuadro 7.

En su búsqueda incansable de respuesta al problema de la verdad, Agustín pasa de una escuela filosófica a otra sin que encuentre en ninguna una respuesta satisfactoria a sus inquietudes intelectuales. Finalmente, abraza el maniqueísmo, en la creencia de que en este sistema encontraría un modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y solamente la abandonó después de hablar con el obispo Fausto. Ante tal decepción, se convenció de la imposibilidad de llegar a alcanzar la plena verdad, y por ello se hizo escéptico. La lectura de los neoplatónicos, probablemente de Plotino, debilitó las convicciones escépticas de San Agustín y le acercó a la búsqueda de una verdad absoluta que no podía ser otra que la verdad cristiana. Nunca se insistirá lo suficiente en la espléndida síntesis que San Agustín realiza entre filosofía neoplatónica y dogma cristiano.

 

 

Cuadro 9.

Fe. La fe en la religiosidad cristiana implica la creencia firme en todos los principios, dogmas, revelaciones, declaraciones y promesas hechas por Dios y escritas en la Biblia. La fe es adquirida, no es innata ni se hereda, es una don gratuito y misterioso que Dios otorga al hombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro 10.

Neoplatonismo. se denomina “neoplatonismo” a la corriente filosófica, de origen e influencia platónica, que surge  aproximadamente en el siglo II con la obra de Plotino y se prolonga intelectualmente en los siglos posteriores, destacando algunos pensadores neoplatónicos como Jámblico, Porfirio, Edesio de Capadocia, o Proclo.

 

 

 

 

 

Cuadro 11.

El alma tiene un papel decisivo en la filosofía agustiniana, no tanto por su descripción psicológica (facultades o funciones del alma), ni por la reflexión teológica sobre su naturaleza (espiritual, simple, inmortal), origen (creacionismo) o destino (reencuentro con Dios, sino porque nos acerca de un modo único a su peculiar realidad: la interioridad o autoconocimiento interior, es decir la capacidad del ser humano de entrar en sí mismo. El tema central de la filosofía agustiniana, si pudiéramos destacar uno, es la presencia de Dios y el hallazgo de la verdad en el alma humana mediante un ejercicio continuado de interiorización o profundización en los entresijos y rincones más valiosos del alma. Este descubrimiento de la experiencia interior es sin duda el centro del pensamiento del principal representante de la Patrística.

 

 

 

Cuadro 14.

En San Agustín, razón y fe operan conjuntas y simultáneamente conjugadas en la búsqueda de una verdad a la vez religiosa y filosófica.
Una de las causas de esta actitud agustiniana ante el problema de las relaciones entre razón y fe hay que buscarla en la naturaleza de la filosofía neoplatónica que tanto influyó en su forma de pensar. Para los neoplatónicos, como Plotino (205-270) nada, ni siquiera las realidades más trascendentes, escapan a la investigación racional. En consecuencia, no tiene sentido buscar un ámbito de conocimiento al que no alcance la razón; al contrario la investigación racional puede esclarecer el significado pleno de la experiencia religiosa y abrir el horizonte a una religiosidad más auténtica.

 

 

 

 

Cuadro 12.

San Agustín admite que si las ideas verdaderas (en línea con el platonismo) son permanentes e inmutables, no pueden tener su origen y fundamento en el alma humana. Por tanto, el lugar original de las ideas no puede ser otro que la divina inteligencia. Por tanto, la presencia de la verdad en el alma solo puede explicarse como un autotrascen­dimien­to del alma que llega, de la mano de Dios (iluminación interior), a una verdad absoluta que está más allá de sí mismo y de sus posibilidades de conocer. La teoría de la iluminación responde a la exigencia de armonizar, mediante la intervención de Dios, el conocimiento de la verdad con las limitaciones de la razón humana

Cuadro 13.

Escepticismo. Según esta concepción epistemológica, las facultades del conocimiento humano no pueden obtener un conocimiento verdadero, acabado y completo de la realidad. Ningún conocimiento puede ser tenido por fiable. El escepticismo (de skopeo, examinar, indagar) aspira a una justificación del conocimiento, pero tal justificación no resulta nunca suficiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro 16.

San Agustín –escribe Ortega y Gasset-, que había permanecido largo tiempo en el paganismo, que había visto largamente el mundo por los ojos “antiguos” no podía eludir un ahonda estimación por aquellos valores animales de Grecia y Roma. A la luz de su nueva fe, aquella existencia de dios debía parecerle nula y vacía. No obstante, era tal la evidencia con que ante su intuición se afirmaba la gracia vital del paganismo, que solía expresar su estimación con una frase equívoca: “Virtutes ethnicorum splendida vitia” (las virtudes de los paganos son vicios espléndidos). ¿Vicios? Entonces son valores negativos. ¿Espléndidos? Entonces son valores positivos.

 

 

 

 

Cuadro 15.

Iluminación. En la teoría del conocimiento agustiniana, es la luz sobrenatural que ilumina la visión interior del entendimiento humano para que éste pueda ir más allá de lo sensible y conocer las verdades inmutables. La luz o iluminación que permite al hombre esclarecer la verdad se irradia como un don desde Dios sobre el alma del hombre de conocimiento.

 

Cuadro 20.

Los continuadores de las ideas políticas de San Agustín contenidas en La ciudad de Dios
fueron más allá que el maestro y terminaron por subordinar el Estado a la Iglesia, la cual ostentaría, en última instancia, el poder temporal. Así, la teoría de las dos espadas sostenida por el Papa Gelasio (492-496) defiende explícitamente la superioridad del poder del pontífice sobre el Emperador. O el agustinismo político radical defendido por Gregorio Magno (590-604) en la que el poder temporal debe estar al servicio del reino de Dios en el mundo, es decir, la Iglesia. El trasfondo histórico del agustinismo político es la formación en Occidente de los poderes universales de la Iglesia y el Imperio y la consiguiente lucha por el dominium mundi.

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro 17.

Caridad. Fe, esperanza y caridad son las tres principales virtudes teologales, Hay que entender la caridad  (charitas) , como amor desinteresado y constante hacia Dios, en primer lugar. Este amor a Dios hace posible el amor incondicional al prójimo; del cual se sigue el amor en general a todos los seres creados.

 

Cuadro 18.

El reconocimiento en 313 de la libertad religiosa por Constantino y Licinio, merced al llamado impropiamente Edicto de Milán, pone al Cristianismo en situación de igualdad frente a las otras religiones y es el paso previo a su transformación en religión oficial del Imperio en virtud del Edicto de Tesalónica de 380. A partir de Teodosio el Imperio se convierte en un Estado confesional: la religión es impuesta por el poder público a sus súbditos, al tiempo que se prohíbe el paganismo, clausura o destruye sus templos, persigue la herejía, etc.
Miguel Artola, Textos fundamentales para la historia.

 

 

 

Cuadro 19.

Libre albedrío. Es la libertad plena de la voluntad del hombre para decidir y actuar. El libre albedrío puede ser contradictorio aparentemente con la idea de un Dios omnisciente que conoce de antemano la dirección exacta de nuestras decisiones y acciones, y, finalmente, nuestro destino final (divina predestinación). El libre albedrío finalmente tiene su fundamento en Dios, porque él ha decidido darnos la libertad absoluta de decidir y actuar.  La libertad, como el conocimiento o la fe, es también un don de Dios.